El objetivo de este mapa es subrayar la importancia de diversos espacios urbanos en la novela Conjunto vacío, de la escritora mexicana Verónica Gerber. La protagonista, que comparte con la autora el nombre y la profesión, es hija de una pareja de argentinos que llegaron a México huyendo de la dictadura militar.
Tras el golpe de estado contra el gobierno de Isabel Perón llevado a cabo el 24 de marzo de 1976 y la subsecuente instauración de la dictadura militar argentina, la ciudad de México se convirtió en un lugar de acogida y en un espacio solidario para los exiliados que huían del terrorismo de estado implantado por la junta militar. De acuerdo con Pablo Yankelevich, uno de los estudiosos más importantes del exilio argentino, antes de 1976 en México la colectividad de personas argentinas era de no más de 1500 personas pero sólo en julio de 1976 llegaron a México 800 argentinos. En un mes, llegó más de la mitad de toda la comunidad que residía en México. Lo que sucede a partir del golpe es que la dimensión del destierro de los exiliados crece muchísimo. Se calcula que residieron en México aproximadamente entre 6 y 8 mil argentinos a lo largo de la dictadura. En su libro, Ráfagas de un exilio. Argentinos en México 1974-1983, Yanklevich señala que las ciudades a las que principalmente llegaron los argentinos fueron la ciudad de México, Guadalajara y Puebla.
Conjunto vacpio se sitúa temporalmente en 2003, cuando la madre de la protagonista, Coty, lleva casi ocho años desaparecida. Verónica y su hermano dejan de verla en el invierno de 1995, dos días antes de que ella cumpliera 15 y su hermano 18. La desaparición nunca queda del todo clara, pero se insinúa que se trató de una desaparición forzada porque su madre era perseguida política. Casi veinte años después de vivir fuera de Argentina, es desaparecida. Para Verónica y su hermano todo es confuso. “A veces también hemos pensado que la historia de Mamá (M) tendría más sentido si pudiéramos ir a un lugar como la Plaza de Mayo a exigir que nos la devuelvan, a preguntar: ¿Dónde estás? Pero es absurdo porque no desapareció como los demás ¿o sí? (Gerber 2015, 108). La historia de Coty es diferente porque es la madre quien desaparece y en otro país, por eso Verónica tampoco tiene ese lugar emblemático de protesta en el que se construyó una red importante de acompañamiento y solidaridad. Doce años después de que terminará la dictadura militar y a 6768 kilómetros de distancia, las desapariciones ya no eran noticia, parece que los únicos que la resienten son los hijos de Coty: Verónica y su hermano. Este hecho marca sus vidas y sus espacios.
En el mapa están marcados 11 lugares que son importantes para Verónica. El principal es el departamento familiar, el espacio que compartió con su madre y del que desaparece sin dejar rastro. El departamento se ubica frente al Parque de las Américas, en la colonia Narvarte. Tras la desaparición, Verónica y su hermano se quedan solos, pues el padre ya no vivía con ellos. El departamento “se quedó suspendido en el tiempo. Seguía tal como el día que dejamos de ver a Mamá (M). Actuábamos como si todo fuera normal, pero al departamento, a casa, no entraba nadie. Lo bautizamos como el búnker” (Gerber 2015, 11). Ese espacio familiar fragmentado parece una cápsula del tiempo donde todo permanece en perpetuo abandono. Ese espacio es conservado tal y como su mamá lo dejó, con su desorden, humedad y reparaciones sin hacer. Afuera el tiempo sigue corriendo, pero el departamento se conserva intacto, con sus muebles repletos de objetos inútiles y la escarcha de polvo que no deja de acumularse.
El parque Las Américas es un espacio central para Verónica. Frente a él está el departamento familiar, siempre lo observa y siempre era observado por la madre. Cerca de él viven sus amigas, cerca de él se ubica el departamento al que se muda con El Tordo y el departamento al que se muda su hermano con su novia, ahí nace su gato, la única compañía que tiene en el búnker. Toda su vida y sus encuentros giran en torno a este parque.
Ciudad Universitaria también es un lugar muy especial, tanto en el presente de la narración como en sus recuerdos. En la novela aparecen diversos edificios de la Universidad Nacional Autónoma de México: la Biblioteca Central, el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras(hoy Escuela Nacional de Lenguas Lingüística y Traducción), el Instituto de Investigaciones Estéticas y el Instituto de Biología.
De ellos, la Biblioteca Central es el más importante. Tras su ruptura con El Tordo, se convierte en un espacio de refugio. Aparece en varias ocasiones como un lugar en el que Verónica puede distraerse y trabajar. Comienza a ir porque una amiga, Violeta, le pide que la acompañe ya que pasa mucho tiempo en ese lugar porque toma una clase de oyente sobre su tesis y porque estudia chino en el CELE. Verónica ya conocía esa biblioteca, es un lugar importante para ella porque acompañaba a su madre cuando era pequeña y ella estudiaba la licenciatura: “Le tengo cariño a la Biblioteca Central, ese edificio de libros que parece angostarse hacia la cima, y cuyo elevador se vuelve más lento conforme más niveles sube. Parece el mismo lugar al que entraba con Mamá (M) cuando era chica: los bibliotecarios malhumorados del sindicato de la UNAM, el mobiliario ochentero, y ese barullo particular de los cientos de personas que entran y salen; nada había cambiado. Estoy segura de que no existe otra biblioteca tan ruidosa en el mundo. Mis vacaciones de verano en la primaria empezaban muy pronto y, como Mamá (M) no tenía con quién dejarme, me llevaba a sus clases con un estuche de lápices de colores y un libro de pintura abstracta para iluminar. Hacíamos una parada obligatoria en la biblioteca: le ayudaba a buscar un libro o devolvíamos los que había sacado”. (Gerber 2015, 125) Este espacio tan importante en la relación materno- filial también parece inmune al paso del tiempo, como Verónica señala, y por eso inevitablemente le recuerda a su madre y a una época en la que fue feliz.
Los otros espacios que aparecen son: La Merced, la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, el aeropuerto internacional Benito Juárez, el departamento que comparte con El Tordo, una galería de arte en la colonia Condesa, el Museo Tamayo y la casa de Marisa en San Ángel. Este último espacio merece una mención especial: en este lugar Verónica descubre la historia de otra exiliada argentina, Marisa Chubut, quien, al igual que su madre, debe dejar su país acompañada de su esposo y su hijo pequeño, Alonso. En el presente de la narración, Marisa acaba de morir y Verónica es contratada para ordenar su archivo personal, una desconocida debe hacerse cargo de su vida íntima. En una casa de San Ángel Verónica no sólo descubre una historia parecida a la de su madre, sino que entabla una nueva relación amorosa y se apasaiona con un nuevo pasatiempo: la observación del cielo con un telescopio.
Estos once puntos de la Ciudad de México son esenciales para la historia de vida de Verónica, una hija de exiliados argentinos, una argenmex, en palabras de Pablo Yankelevich, que se mueve por la ciudad como si fuera una visitante y no una residente.